miércoles, 3 de noviembre de 2010

Se le deslizaba el cuerpo hasta las yemas de los dedos, que estaban paralizadas. Le flameaban los pómulos en un carmín violento. Habiendo olvidado parpadear lastimaba volver a hacerlo. Tal vez tenía los ojos cortados. No. Era el sol, fue el sol. El sol del ocaso. Había teñido sus cutículas y no le había alcanzado las manos, que se le habían dormido abrazando un cuerpo de mujer que no era el suyo.
Ella ocasionalmente iba, se desnudaban frente a frente y era eso. Ninguna, literalmente, calaba a la otra. Pero se producía una veta formidable en Margueritte mientras la chica buscaba guarecerse.
Y los versos. Los poemas de Safo que la joven le predicaba con voz de amante. Verter sollozos en el mannequin.

Algo demasiado elaborado, para mentirse a si mismo.

- “Se han puesto ya la luna y las pléyades. Es media noche. Pasa el tiempo. Y yo sigo durmiendo sola” -

La cortesana sabia de literatura, sabia de coplas, sabia de amores fragmentados. Pero ello no es pretexto para que el verso sea demasiado agresivo en toda su abundancia. La enamorada emigro del burdel con sus estrofas a medio ahogarse.

Margueritte en tanto contempló el paraje de su tronco, sus costillas, los trazos en tinte arándano que le ornaban en danza dispar en lado izquierdo y derecho. Tanteo la dermis debajo de sus senos, los hematomas no molestaban. La muchacha ya no estaba empuñada en su pecho. No eran los abrazos descompuestos, no era la joven lesbiana. La prostituta bien sabía que la aceptación es excesivamente endeble en los amantes. No había culpa en Margueritte, más se prolongaba una molestia, como de costillas encaramadas.
Otra cosa.
Otro.

Lo primero que sucedió fue oírle por entre la bruma espesa de las eufonías. El carraspeo de Dante se elevaba por sobre los infiernos y los cielos de Beatriz. Rodeaba el arco indecoroso de los acordeones en el salón, el escéptico perfume de pieles y vinos.
Lo segundo fue verle la arista de las orejas. La nuca, que ya a distancia se la sentía fría. Detuvo sus pasos a un pie del joven y rozándolo, le citó al oído - “Dante, porque Virgilio se haya ido tú no llores, no llores todavía; pues deberás llorar por otra espada” –. Le recorrió el marco de los omoplatos mientras huía de su boca una risita provocadora.

Termitas

Muchedumbre, mercaderes. 11:59 AM.

“Mírenlos, con la tierra en las pupilas. Los ojos manchados de suelo. De tanto pulir esos adoquines, los adoquines del pueblo. Un pueblo que no los incluye, un empedrado que jamás han pisado. ¿Es que jamás vieron tal espectáculo? He de sintetizar la obra en un solo acto, dado que en si todo esto es una escena de reincidencias. Reincidir ¿Tiene concordancia tal palabra aquí? No puede insistir en morir alguien que ya esta muerto ¿Si en nacer alguien que ya a nacido? Germinar ¡Brotar! Y de lo contrario; estancarse, que no naciendo no se fallece. Se paraliza.

Contemplen tal cuadro ¿No es majestuoso el lienzo carcomido? Cual piel en sus rostros, yo diría. El óleo en sus facciones de cae ha pedazos –y nadie hace nada por repararlo-. No todos tienen el oficio de restaurador, me dirán. Aplausos para ellos, que descartan su condición humana. Para ellos, que cuando divisan sus manos solo ven manos. Para ellos, que han nacido sin huellas dactilares.

Dios ¿Y Dios? ¿Saben de aquellos que rezan a su Dios? Si, esos fieles devotos con las velas incrustadas en las manos, una plegaria dominical y una que otra página de la biblia entre las piernas. Ellos no rezan más que a si mismos, amplificados.

El pueblo es pueblo. Dios es Dios, pero sin el pueblo.

Un campesino dirigiendo los ojos al cielo dice: Dios mío, dios mío, ¿Por qué me has abandonado?
Yo le respondo: Dios ha tomado otra identidad, liturgias ostentosas y ego fermentado. Quizás un día recuerde que fuiste su hijo.

El Dios legal se ha perdido.”


A las doce del día el astro se sienta en el tabernáculo del firmamento. A las doce del día se extinguió el monologo cerebral en las astillas de fuego que le remacharon los ojos. – El sol esta en la boca de una termita - musitó para nadie Margueritte, en tanto se le carbonizaba las pupilas - Nosotros estamos en la boca de una termita - los labios se separaron nuevamente. Seguido ajustó la mano a modo de visera frente a sus cejas, bifurcando la luz.

lunes, 28 de junio de 2010

"La misma impresión en los dedos, como si las manos de aquellos conformaran una y repetitiva"

Carta a un no-romeo:

He sido yo la que ha dicho que uno se debe corromper un alma por un rostro, ya que este no es nada sin palabras. Usted habla, si; pero en otra dirección. Y por sobre la boca no ejercitada, su corazón late en otro pecho, que no es el mio ni el suyo.

Una verdad: Cuando he dicho que no podía ser mi numen a menos de que le respirara, he mentido. Evoco su piel en todos sus horizontes.

Suya hasta que otro golpee mi rostro con una sonrisa,

Dominga.

domingo, 27 de junio de 2010

una cosa derivada

Que se me desparrame la mano
Como en una no-energía expandida.
Que lodo sea un verbo, uno de esos explícitos.

El pelo de mi pelo le pertenece. Esta en libertad de tomarlo
(Si gusta)
No sé que tiene su perfume, que lo descubro en otros hombres
(Sin buscarlo)
Esa silla… parece tan cómoda en su ser ¿Qué sucede con la mía?

Déjeme sola, que se me deshojan las escamas del labial
(Pasa cuando pasa el tiempo)

martes, 22 de junio de 2010

Tengo la cabeza enredada en el pelo
y el músculo inflexible, inflexible.

Se arrienda una cara matutina de labios universales, observable solo más allá de una pupila. Almacenada.

miércoles, 19 de mayo de 2010

corpus christi

Una mano alrededor del cuello,la otra en el utero. Esta no se ha percatado de nada. Nada.

Padre ¿Por qué me has abandonado?

sin titulo

Mal, de tres letras trasatlanticas
de aplaudir por la espalda.
Con las extremidades tiesas
y el zancudo perdido.

Fosa ebria engullendo narices
-moralmente intolerante-.
De televisores crucificados,
de masturbaciones mentales.

Canarios llenos de encias.

lunes, 10 de mayo de 2010

borrador

El entrecejo fruncido, comprimido; y el cuerpo como disperso. Pestañeó una vez, solo una, porque una era global. Ahora observaba la pared interna del parpado.

Tan magnifica y entera. Por dentro líneas angulares. La mujer fisurada, internamente.
Una prostituta. Arquitectura corporal manoseada. Quitémosle la moral a la musa, que tiene frío. Saciemos el vientre con papeles verdes.

Inhalando un aire grueso, es tanto y no cabe.

La desarma y vuelve a ensamblar valiéndose de sus hemisferios. Vena a vena, poro a poro, hueso a hueso. Estando a dos metros puede sentir su aroma. Huele a sexo, toda ella. Y perfume, uno ácido. No le queda, es demasiado para ella. Seguramente no es suyo. Seguramente ni siquiera tiene uno propio. Es probable que lo pidiese a otra o incluso hurtara unas gotas y esto le causase la franja azul en el mentón y es probable que estas solo sean conjeturas.

Ya no están cerrados sus ojos, la ve en sus cien dimensiones. A medida que se acerca su aroma es más fuerte. Está impregnado en ella, sobrepasa el aceite en el óleo. No le gusta, pero ya han venido tantas y, en verdad, las únicas que vienen son las de ese rubro, porque saben él ve la belleza por sobre la mujer.
El nombre de Lothaire como pintor es solo famoso entre las putas.

No dice mucho, si le pregunta, responde, si no, pues nada. Precisa, como de educación bruta y minúscula. Eso si, con esa cortesía que solo tienen las amantes de mil hombres.

- ¿Me permites?

Ella asiente, otorgándole el brazo. Sosteniéndolo abre la cortina. La joven meretriz retrae el cuerpo, curva la silueta ocultando piel con piel.

- Alguien podría ver.
- No, solo los pájaros y guardarían silencio.
- ¿Por qué?
- El ave es la prostituta que ha dejado de ejercer.

miércoles, 5 de mayo de 2010

del ave el señorito

abrazar el intestino
solito
¿y 'aonde queda?
colga' y la pantalla pega'.
La yema sin mapa,
pero entero un huevo.
Una sonda para el tímpano ¡Casera!
que ya no saliva.

Es tu malta un enjuague bucal.

Infinita en latitudes
lengua hincha'.
Le falta sacarina a esta cuestion.

- ¿Si no hay?
- Comprai
- ¿Y si no hay plata?
- A pasarlo por el pescuezo,
hasta verte cristo mio.

domingo, 2 de mayo de 2010

el anular

Sentada en el auto, con un acordión de medio a medio en el oido. Las ve correr, supra tierra, remachando, cercenando corrientes. Con los grados en las encías las niñas corren.
Las gallinas llevan quince en la misma extensión a la redonda. Y está sentada en el auto, con las corneas barnizadas.

- ¡Hola!- le faltan varios dientes, va de algodón beige.
- Hola... - se transmite vieja.

Despeina el pulmón. Esta tan bien ahi, tan bien.

flujo uno

Agitar los dos en conjunto
pensar que era como una pierna
¡Una pierna!
la mano en la frente
mover la carne
tocar el hueso agachado en el folículo
las capas
justo al frente del clon invertido
estirando para abajo mirando el tabique notando
respirar olores
recordarse los dedos

sábado, 17 de abril de 2010

ella es corriente

Y va, medio movida, con la huella dactilar engarrotada. Sube, baja, perpendicular la columna en medio de un mordisco. El siseo, la succión; turnia mirando el cigarro. Curvada la entraña, como perilla; uno, dos tres. Con los pies palmeados ahora, esnifa la caspa en la línea capilar. Se sube la falda, lee la Biblia. Predicar. Ulpiano, de las rodillas a la clavícula, versículo alfa, o beta, o gama.
Si igual tiene lo suyo la flaca.

sábado, 27 de marzo de 2010

faja

Nos palpitó la patria
y la espina dorsal se nos calló encima.
Del joven, ese, elegante,
vi la costura en la camisa.
El espasmo me hablandó los pies
y ahora me aprieta el corsé de asfalto
entre la costilla derecha y la lateral izquierda.

Un adoquin de vientre vacio, de carne, vacio.
El mar anulando.
El sujeto con las bragas del cosmos
embutidas en la huella dactilar;
blasón contemporáneo.
Y el piso inyectandome la espalda con su pupila bizca.


- se esta acabando el veintisiete.

Inscienso

Azufre. Descomposición. Nauseas. Se cohesiona con su nariz, sólido cemento enmohecido. Cada detalle, cada fracción de su composición un órgano, entraña palpitante fruto de la ruin alquimia. Amalgama ácida, néctar cancerigeno. Uva excomulgada de Dionisio. Árbol de la vida arraigado en metástasis. Y sus hojas, sus hojas son las navajas de la negación, el puñal en la mesa, el azúcar chamuscado, la abstracción de la pupila. Los ojos, puede oír a las hojas sollozar a través de ellos, en una oración tan silente cono él reír de un mudo. Son ellos –sus ojos- las piedras arrojadas por el pájaro, la nube afluente de decepción, el estuche celador de las páginas de sus memorias. Retiene el oxigeno, pero una ración ya se ha asentado en la silla de sus bronquios; el libido viscoso, perfume de muerte suspendido en el éter. Convulsión nerviosa, se amedrenta la sangre, se detiene el arroyo, se apaga el pulso. Prolifera como trigal fermentado en gente. Se ciñe en sus costillas y en la espina de su reverso, una caricia repulsiva, la rechaza en su garganta, la repudia su hígado. Vuelve el sabor áspero a su lengua, lo incorpora a su saliva, traga partículas vacías.

miércoles, 24 de febrero de 2010

apogeo rosa

Tal vez es la gama, la escala en la gradación del pigmento. Los matices de su sedoso esqueleto, como de raso, entretejidas las cerdas en un lívido tono rosa. Se reflejaba en mi iris, mullida, casta, tentadora. Y el dócil perfume azucarado resbalaba por mi nariz, calaba mis poros, invadía cada fracción de mi existencia. Me embestía el delirio del deseo más pueril, el pavimento se fundía bajo mi ser y el rastro de mis pies no era menos nebuloso que el rictus de mi respiración. Magistral, abrazaba pérfido mi ingenuidad, absorbía cada migaja, cada porción de mi genio, abatía, al fin y al cabo, mi fortaleza. Me volvía un ente pastoso, desamparado. Le necesitaba de manera demente. Mi amor se volvía enfermizo. La espera, los segundos; una maquinación en mi contra. Una tortura a mis palpitantes sienes desgarradas.

A la consumación del hecho, la convulsión de mis dedos, crispándose al leve roce de la vara. Su peso ¿Ingrávido? Trivial, ante semejante suntuosidad en la pieza. No reparo en más detalles que no valen analizar, más bien no puedo, no quiero, no los recuerdo.

Puedo sentir la ambrosia, recorre cada fragmento de mi dermis. Mi lengua, músculo del pecado, se bate, regocijada; el sabor acaramelado la corroe, la taladra. La lujuria vuelta edulcorante.

Azúcar, te consumes por si sola. Anabólico, bucea en mi torrente sanguíneo.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Tres versiones de un contacto

Como apestaba a vacío.

Fragmentos de luz, trozos de fotogramas solares; rotos. Vaivén retraído, detenido. Oídos, sonido apartado. Atención transferida. Lengua, calla, déjate abrazar por los dientes. Pupilas, espejo visual.

Ella; animal. Él; gato, felino.

lunes, 15 de febrero de 2010

A Pablo Fuentes, ojala me oiga desde su tierra prometida.

Soy prostituta; soy lesbiana; me he masturbado; mi perro es homosexual; mi madre es huacha y vende fruta.

Mi novio canuto con megáfono predica a Alá, yo le saludo agitando una servilleta profanada.

Padres, perdí la virginidad en vuestra cama.

Mi hermano se suicido antes de ayer y ayer me dijo que en el cielo no hay tele, que cielo no hay y que le hace falta sábado gigante.

Mi vecina se corta los brazos, el mainstream se apoderó de ella y de mi banda no comercial.

Le he prendido velas a la imagen del sacerdote parroquial, espero que deje de violar niños.

Tengo que casarme, les tengo alergia a los gatos. No puedo ser solterona, les llaman reprimidas sexuales

Me llamo Sharlot Yesenia Rojas y también tengo cedula de identidad.

A un intolerante a la lactosa jamás le digas que eres de Derecha.


Hare Krishna

01:39

Las cortinas, saltan las polillas
La piel desnuda de mi cuello, huele a hombre ajeno
Las imágenes de los ídolos muertos, por los suelos
Ayer soñé con el otro; yo volaba
He visto sexo en el cine, muy desesperado para mi gusto
Tuve frío
Charlé concientemente sobre esta situación tan mía
Hormigas en mi pie izquierdo
Odie a la joven del segundo choche
Los insectos siguen aquí.
Afuera ladran los perros, alguien en la cama del lado se turba. Tengo ganas de unos puchos, con ese poeta que no fuma, y mientras el bebe y yo me cago los pulmones hablar de ti, de su ella, sus trastornos sexuales y nuestras vidas putas.

Una semana después ya no ladran los perros.

01:48