"...¿Nauseas? No. Solo eran sus vísceras entrelazándose, estrangulándose entre si, mas bien; como queriendo ahorcarle sin poder llegar a su garganta."
- Fragmento, sin titulo.
"....Se fermentan los aromas, hierven, borbotean. Las pieles cargan con una cascada viva que despide un vigor tóxico; el sudor. El vaho, la pestilente neblina corporal de la masa humana, se eleva alto y…
El cenit. Los flashes interrumpidos le golpean el iris, rápido, lento, días, segundos. El sonido intenso de la inspiración atesta su cráneo, ya no hay espacio, podría no respirar nuevamente jamás. Las luces ¡Los colores! Es un prisma totalmente nuevo, cuya gama le parece rara, desconocida. Es tan distinto –pero todas las noches son iguales-.
Ve como doble. No lo nota pero sus pupilas mutan, crecen, luego vuelven a ser niñas. Escucha lejano, el suspiro invertido en su mente no se ha ido y no deja entrar los sonidos del exterior...
...«Todo esta bien, todo esta tan bien aquí…»...
...Se quiebra tanto el frasco como un algo en la mente de la chica. Aletean aturdidos sus parpados. La luz de un farol le acaricia la cara, el reflejo de los mosquitos en este le dibujan el rostro. Trata de incorporarse, pero le falta oxigeno, y por sobre ello la confirmación de sus músculos engarrotados hiere. –Mierda - inhala hondo. Cemento húmedo, concreto frío le colma la nariz...
...Sus dedos reptan hasta las sienes, allí, fríos, donde late, allí se depositan. Sus ojos escudriñan alrededor, no por mucho, pues todo es parte de una nebulosa urbe que ondula en la atmósfera y ella no logra hacerse parte del movimiento. Sufre con cada vibración.
Se le deslizaba el cuerpo hasta las yemas de los dedos, que estaban paralizadas. Le flameaban los pómulos en un carmín violento. Habiendo olvidado parpadear lastimaba volver a hacerlo. Tal vez tenía los ojos cortados. No. Era el sol, fue el sol. El sol del ocaso. Había teñido sus cutículas y no le había alcanzado las manos, que se le habían dormido abrazando un cuerpo de mujer que no era el suyo.
Ella ocasionalmente iba, se desnudaban frente a frente y era eso. Ninguna, literalmente, calaba a la otra. Pero se producía una veta formidable en Margueritte mientras la chica buscaba guarecerse.
Y los versos. Los poemas de Safo que la joven le predicaba con voz de amante. Verter sollozos en el mannequin.
Algo demasiado elaborado, para mentirse a si mismo.
- “Se han puesto ya la luna y las pléyades. Es media noche. Pasa el tiempo. Y yo sigo durmiendo sola” -
La cortesana sabia de literatura, sabia de coplas, sabia de amores fragmentados. Pero ello no es pretexto para que el verso sea demasiado agresivo en toda su abundancia. La enamorada emigro del burdel con sus estrofas a medio ahogarse.
Margueritte en tanto contempló el paraje de su tronco, sus costillas, los trazos en tinte arándano que le ornaban en danza dispar en lado izquierdo y derecho. Tanteo la dermis debajo de sus senos, los hematomas no molestaban. La muchacha ya no estaba empuñada en su pecho. No eran los abrazos descompuestos, no era la joven lesbiana. La prostituta bien sabía que la aceptación es excesivamente endeble en los amantes. No había culpa en Margueritte, más se prolongaba una molestia, como de costillas encaramadas.
Otra cosa.
Otro.
Lo primero que sucedió fue oírle por entre la bruma espesa de las eufonías. El carraspeo de Dante se elevaba por sobre los infiernos y los cielos de Beatriz. Rodeaba el arco indecoroso de los acordeones en el salón, el escéptico perfume de pieles y vinos.
Lo segundo fue verle la arista de las orejas. La nuca, que ya a distancia se la sentía fría. Detuvo sus pasos a un pie del joven y rozándolo, le citó al oído - “Dante, porque Virgilio se haya ido tú no llores, no llores todavía; pues deberás llorar por otra espada” –. Le recorrió el marco de los omoplatos mientras huía de su boca una risita provocadora.
Muchedumbre, mercaderes. 11:59 AM.
“Mírenlos, con la tierra en las pupilas. Los ojos manchados de suelo. De tanto pulir esos adoquines, los adoquines del pueblo. Un pueblo que no los incluye, un empedrado que jamás han pisado. ¿Es que jamás vieron tal espectáculo? He de sintetizar la obra en un solo acto, dado que en si todo esto es una escena de reincidencias. Reincidir ¿Tiene concordancia tal palabra aquí? No puede insistir en morir alguien que ya esta muerto ¿Si en nacer alguien que ya a nacido? Germinar ¡Brotar! Y de lo contrario; estancarse, que no naciendo no se fallece. Se paraliza.
Contemplen tal cuadro ¿No es majestuoso el lienzo carcomido? Cual piel en sus rostros, yo diría. El óleo en sus facciones de cae ha pedazos –y nadie hace nada por repararlo-. No todos tienen el oficio de restaurador, me dirán. Aplausos para ellos, que descartan su condición humana. Para ellos, que cuando divisan sus manos solo ven manos. Para ellos, que han nacido sin huellas dactilares.
Dios ¿Y Dios? ¿Saben de aquellos que rezan a su Dios? Si, esos fieles devotos con las velas incrustadas en las manos, una plegaria dominical y una que otra página de la biblia entre las piernas. Ellos no rezan más que a si mismos, amplificados.
El pueblo es pueblo. Dios es Dios, pero sin el pueblo.
Un campesino dirigiendo los ojos al cielo dice: Dios mío, dios mío, ¿Por qué me has abandonado?
Yo le respondo: Dios ha tomado otra identidad, liturgias ostentosas y ego fermentado. Quizás un día recuerde que fuiste su hijo.
El Dios legal se ha perdido.”
A las doce del día el astro se sienta en el tabernáculo del firmamento. A las doce del día se extinguió el monologo cerebral en las astillas de fuego que le remacharon los ojos. – El sol esta en la boca de una termita - musitó para nadie Margueritte, en tanto se le carbonizaba las pupilas - Nosotros estamos en la boca de una termita - los labios se separaron nuevamente. Seguido ajustó la mano a modo de visera frente a sus cejas, bifurcando la luz.