Carta a un no-romeo:
He sido yo la que ha dicho que uno se debe corromper un alma por un rostro, ya que este no es nada sin palabras. Usted habla, si; pero en otra dirección. Y por sobre la boca no ejercitada, su corazón late en otro pecho, que no es el mio ni el suyo.
Una verdad: Cuando he dicho que no podía ser mi numen a menos de que le respirara, he mentido. Evoco su piel en todos sus horizontes.
Suya hasta que otro golpee mi rostro con una sonrisa,
Dominga.
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